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Discurso del Presidente del Congreso, Armando Benedetti, Foro Región Caribe Siglo XXI

DISCURSO DEL PRESIDENTE DEL CONGRESO, ARMANDO BENEDETTI, FORO REGION CARIBE SIGLO XXI

BARRANQUILLA - COLOMBIA

MARZO 28 DE 2011

Leí en alguna parte que el grado de desigualdad que se tolera en una sociedad, tiene que ver con cuan distintos se considera a los excluidos y explotados. Si recordamos que éste es uno de los 10 países más desiguales del mundo no hay más remedio que concluir que en Colombia consideramos bien distintos a nuestros excluidos.

Uno de los aspectos más insidiosos de la desigualdad es atribuir a las víctimas su propia culpa. El atraso no sería entonces el resultado de unas especificas relaciones de poder, sino la consecuencia de la desidia, la molicie y la irresponsabilidad de quienes la padecen.

Semejante interpretación deja por fuera los procesos de explotación y acaparamiento de oportunidades que desempeñan un papel central en la generación de las desigualdades de mayor magnitud. Olvidan quienes así piensan, que los atributos individuales tienen un origen social, son producto de una historia social, resultan de procesos históricos colectivos.

El propio ejercicio de las destrezas y capacidades individuales está sujeto a procesos de valoración colectiva. La apreciación de la belleza, la inteligencia o el trabajo de alguien son un acto cultural, susceptible de opiniones encontradas, disputas y negociaciones.

Las elites suelen construir a su acomodo ideologías y discursos repletos de símbolos dramáticos que incluyen los modales, la etiqueta, los modos de vestir, el acento, los patrones recreativos, los modos de caminar, los gustos alimenticios. Todas éstas fronteras, no obstante su vaguedad, su imprecisión y su insidia, acaban determinado el acceso a privilegios y recompensas extraordinarias para esos grupos de poder.

Nosotros sabemos bien aquí en el Caribe, las consecuencias de esas atávicas desigualdades. Cuando hice un inventario de ellas en el acto de posesión del presidente Santos, no faltaron quienes pretendieron que estaba responsabilizando al gobierno anterior de procesos centenarios de exclusión y atraso!

En los siglos XVII y XVIII, por ejemplo, ya se estaban configurando en la Costa Atlántica las condiciones que después consolidarían y reproducirían la pobreza, la inequidad y el atraso.

La severa reducción de los primitivos habitantes, el escaso poblamiento, las selvas, pantanos, ciénagas, clima y mosquitos habían construido un territorio lejos de la mano de Dios, de los conquistadores españoles y de las nacientes elites criollas.

A mediados del siglo XVIII, cuando ya había ocurrido la independencia, el litoral Caribe seguía, de una manera o de otra, bajo control de los Chimilas, de los Cunas, de los indomables Guajiros, de las negritudes cimarronas de los palenques, de los soldados desertores, de piratas en receso y mestizos aventureros.

La República no cambio mucho las cosas. En Bogotá mandaban unas elites que nos veían como seres singulares. Y cualquier Miguel Antonio Caro agradecía a los dioses no conocer el mar y soportar que el horizonte se acabara en Monserrate y Guadalupe. Hasta hoy.

Más allá de éstas circunstancias objetivas que las relaciones de poder, la trama institucional y las estructuras sociales diseñan, están las fantasías grupales que refuerzan la pretensión de algunos grupos a presentarse como mejores que el resto. López de Mesa hablaba a mediados del siglo pasado de la "pereza atávica" , la "dejadez fisiológica", la "pereza sensual" y hasta de las deficiencias de "las glándulas endocrinas" del hombre Caribe.

Indalecio Liévano, relatando el vigoroso apoyo de la Costa Caribe a Núñez en las elecciones de 1875, señalaba que desde Bogotá se intentaba desprestigiarle suponiéndolo un agente de "disolventes hábitos costeños" en oposición a la "sana moral de la altiplanicie".

El historiador cartagenero Alfonso Múnera, afirma en su libro "El Fracaso de la Nación" que "...hacer de las regiones costeras "el otro"" fue parte de la construcción de una identidad andina, como el "yo" que mejor representaba una imaginada nación colombiana"

Ciertas cosas de hoy parecen de ayer. O de hoy las de ayer. A finales de siglo XVIII, por ejemplo, se les prohibió a Cartagena y Santa Marta abrirse al mar. Las autoridades españolas, en contraste, auspiciaban y estimulaban los puertos de Caracas y la Habana. Entre 1700 y 1773, sólo un barco mercante español arribó a Santa Marta. Y ninguno lo hizo en Riohacha!

La consolidación de Cartagena como plaza-fuerte y militar, aunque trajo algún desarrollo y crecimiento de la ciudad, a la postre mutiló sus expectativas de puerto comercial. Fue eso lo que posibilito el contrabando. Y ambas cosas, el contrabando y los objetivos militares, eran pretextados después por Santa Fe para prohibir el comercio exterior.

Unos años más tarde, José Ignacio de Pombo, como si se tratara de cuestionar políticas de sustitución de importaciones y apogeo de triángulos de oro, reclamaba en vísperas de la independencia, un comercio libre y vigoroso para las ciudades del litoral. Como todavía.

De los 15 países más desiguales del mundo, 10 son latinoamericanos. Y entre esos 10 Colombia ocupa el octavo lugar. Apenas superada por Bolivia y Haití. Una verdadera vergüenza.

El 49% de nuestros compatriotas son pobres, y el 17% lo son a niveles de indigencia. El problema de semejante y escandalosa desigualdad, no es sólo el de los procesos generadores de desigualdades, sino la fragilidad de los dispositivos para superarla.

En Colombia las ideologías de lo igualitario no tienen la fuerza de otros paises y continentes. Nuestros umbrales de tolerancia a la desigualdad son escandalosos. Nuestras políticas para combatir la desigualdad carecen de la fuerza, estabilidad y eficacia que se requerirían. El deterioro de lo público. (corrupción, debilidad institucional, desconfianza) es agudo. Nuestras políticas públicas son abiertamente regresivas.

Pero la pobreza y la igualdad no son ineludibles, porque no son un resultado fatal de la esencia de nuestras sociedades o de las características culturales de nuestras regiones. Son una construcción histórica que puede y debe ser revertida.
La pobreza y la desigualdad suelen reincidir en las geografías que habitan. El 40% de nuestras más escandalosas desigualdades, medidas desde el número de pobres que la padecen, habitan en la periferia colombiana.

Pero este discurso no pretende una misericordiosa atenuación de nuestras propias culpas. Ni exacerbar inútiles animadversiones regionales. Apenas desmontar la insidia que nos convierte en victimarios de nuestrs propias tribulaciones y economizarnos la repetición de las mismas infamias. Sólo así acertaremos en los diagnósticos y soluciones.

Y desde luego no es una coartada contra la autocrítica. Por el contrario; soy de quienes creen que sin esa autocrítica, reincidiremos y reproduciremos nuestras culpas. Porque nosotros somos también culpables de lo que nos ocurre. Y de lo que deja de ocurrirnos.

Mas allá de los factores históricos, culturales, antropológicos y políticos que prefiguran la exclusión y la desigualdad, está nuestra convivencia y connivencia con una clase dirigente inepta y venal que consolidó y exacerbó esos procesos. Nuestra resignación con instituciones débiles e indolentes. Nuestra indiferencia frente al saqueo de nuestros recursos.
Y nada sugiere que la Costa Atlántica haya aprendido las lecciones. Cuando el 20 de Julio y el 7 de Agosto en la instalación del Congreso y en la posesión del presidente Santos reclamábamos el fin de la inequidad, la desigualdad y el atraso, y la implementación urgente de fondos y mecanismos de compensación, aquí nos responsabilizaban de no estar privilegiando la regionalización. Como si una cosa excluyera a la otra, y como poniendole palos a la rueda de la destinación de recursos urgentes contra la pobreza.

Todavía no termina la ola invernal que trajo la tragedia, mas pobreza y el éxodo a pueblos enteros de nuestra región, ya vienen las mil lluvias de Abril, y yo no veo en nuestra dirigencia ese gran aliento que permitiría aprovechar esas circunstancias de tragedia paa amasar un nuevo Caribe mas moderno, con mejores servicios sociales, con nueva ubicación de los municipios a riesgo, mejor articulado con la productividad, la competitividad y la esperanza.

Las cosas van tan lejos que aquí no están en este Foro, que debía ser y ojalá sea, histórico, ni las instituciones ni las personas que van a diseñar, privilegiar, decidir y contratar, por la bicoca de 12 billones de pesos, oigase bien, 12 billones de pesos, la reconstrucción de la Costa Caribe.

Esta mañana llamé a Cecilia Alvarez Correa, (entre otras cosas ella misma de Ciénaga y barranquillera de corazón y de domicilio), y quien es, nada mas ni nada menos que la gerente del Fondo de Adaptación, justamente le entidad que responderá por estos trascendentales procesos, a preguntarle cual anuncio tendría para las gentes de nuestro Caribe y me dijo que no la habiamos invitado! Yo me incluyo si quieren: no la invitamos. Tampoco invitamos a Jorge Londoño, Presidente de ese mismo fondo y de Colombia Humanitaria. Pueden ustedes creerlo?

No todas las entidades territoriales del Caribe parecen haber entendido la necesidad, la dramática necesidad de diligenciar la superación del naufragio de nuestros pueblos. Puedo demostrar que Chocó ha sido mas efectivo y diligente que cualquiera de nuestros departamentos en eso de inventariar necesidades, hacer exigencias, diligenciar la obtención de recursos.

En Atlántico, por ejemplo, se le entregaron los primeros 9 mil millones para distribución de alimentos el 12 de Enero y solo el 2 de Febrero giró los dineros al operador. En promedio los departamentos del Caribe demoraron 25 días para hacer giros similares.

Ya están aprobados 35 mil millones que desde finales de Febrero solicitó el Gobernador para Campo de la Cruz, pero de conformidad con la ley, es imposible entregar esos recursos mientras Planeación Departamental no certifique y garantice que ese pueblo no se va a volver a inundar

En Córdoba, y no obstante que se escogió como operador a la Cámara de Comercio de Montería, casi se consolida para unos contratos de mitigación, un sobrecosto de hasta un 50 por ciento del valor. Al final, y como por arte de magia, el contratista hizo una rebaja de dos mil millones de una cuantía pretendida de nueve mil, que tal vez ponga en evidencia de lo que se trataba!

Tengo la impresión de que estamos manejando la emergencia con mecanismos de rutina, recortando el aliento, empobreciendo las oportunidades, quejándonos y quejándonos! A veces el pretexto es que la gente quiere que nuestros pueblos sean como eran antes.

Yo entiendo que quienes han padecido esta tragedia inmensa, sueñen nostálgicamente con recuperar su casa, su vecindario, su barrio. Pero quienes tenemos una distancia de ese padecimiento podemos soñar un sueño de mayor alcance. Y tenemos la responsabilidad de posibilitar a las gentes que estiren sus propios sueños. Que ellos crezcan con la emergencia. Que todos crezcamos. Y crezcan los sueños. Y crezca el Caribe.

No, yo no quiero que Manatí, ni Campo de la Cruz, ni ninguno de nuestros pueblos sea como eran antes. Yo no quiero volver a saber de inundaciones, ni de desempleo, ni de analfabetismo, ni de insalubridad, ni de abandono y exclusión para mi gente del sur. Ya no mas. Exigimos al gobierno nacional que haga de esta tragedia el punto de inflexión de una historia de rezago y de estupidez. La buena noticia es que el Presidente cree que alguna dirigencia caribe se queja mucho y hace poco. Hagamos con esos 12 billones de pesos que están a la mano si somos serios y diligentes, mas los recursos que la región obtendrá de los distintos fondos de compensación, la feliz oportunidad de una nueva era para el Caribe Colombiano.

Muchas gracias.