DISCURSO DEL PRESIDENTE DEL CONGRESO, ARMANDO BENEDETTI, CONMEMORACION DE LOS 45 AÑOS DE FUNDACION DE LA UNIVERSIDAD DEL NORTE DE BARRANQUILLA
BARRANQUILLA - COLOMBIA
MARZO 31 DE 2011
Como en el tango, 45 años no son nada. Puede decirse tranquilamente que la universidad del Norte es todavía una adolescente. Aún así el tamaño del esfuerzo realizado y los logros obtenidos son notables. Hoy en día., sin exageración alguna, podemos afirmar que la Universidad del Norte es una de las universidades más importantes del país, por encima en términos de calidad de la educación impartida y acreditaciones internacionales, de prestigiosas y centenarias universidades del país y del continente latinoamericano y del Caribe.
Estos logros de la Universidad del Norte son esenciales para una región como la nuestra en la que los niveles de cobertura y calidad de la educación en todos sus niveles han sido siempre deplorables.
Ese crecimiento se ha logrado bajo criterios de inclusión social, ya que el 70% de los estudiantes matriculados en pregrado cuentan con algún tipo de financiación o beca.
La educación es un factor clave para el crecimiento económico de las naciones y la movilidad social de las personas. Las diferencias en el nivel de desarrollo responden a diferencias en la educación.
Se acabaron las excusas. No existe hipótesis alguna que excuse los fracasos en la elevación y mejoramiento del capital humano. La formación de capital humano depende del funcionamiento eficiente o ineficiente, incluyente o excluyente del sistema educativo. Es así de simple.
Me la paso repitiendo en todos los escenarios que Colombia es uno de los países más desiguales del mundo. Pues bien, la desigualdad tiene sus claves mas significativas en las enormes e imperdonables desigualdades en la educación.
En términos de hoy la relación entre el salario de una persona con educación superior completa y el de otra sin esa educación., es del 364%. Una persona sin educación tiene un 80 por ciento de posibilidades de seguir siendo pobre hasta la muerte. Y sus hijos tienen una enorme posibilidad de seguir siéndolo.
Colombia tiene una cobertura del 20% en educación superior, inferior en 5 puntos porcentuales a la media de América Latina. A su vez, el Atlántico es el único departamento del Caribe continental que supera la media nacional.
Algunos otros datos estadísticos retratan las pautas desiguales entre las regiones centrales y la periferia. Durante el periodo 1992 y 2004, de los 979 beneficiarios de becas Colciencias solo 40 eran de la región Caribe, mientras que Bogotá acaparaba 400 de esos mismos beneficiarios.
Con las becas-crédito para el exterior de Colfuturo ocurre algo parecido en igual periodo: el 50% se otorgaron a beneficiarios bogotanos y sólo el 5,2% a gentes del Caribe. Por universidades la desigualdad luce más indignante: el 78% de los becados egresaron de universidades bogotanas y solo el 1.1% de las de nuestra región.
Estas cifras a mano alzada imponen que el país tiene que repensar la educación. Un modelo que estabiliza y reproduce pautas de exclusión y desigualdad es un modelo perverso que necesita ser modificado sustantivamente. Porque esas desigualdades no son aleatorias, no obedecen a causas caprichosas ni exógenas, no son atribuibles a pereza invencible ni incompetencia de sus víctimas.
Urge por eso, como lo proponen los estudios de economía regional del Banco de La República, la creación de un Fondo Especial para estudiantes del Caribe con alto rendimiento académico. Ese fondo podría recibir, señora ministra, recursos de regalías del Fondo de Compensación que estudia el Congreso de la República y de instituciones y empresas de la región.
Organismos internacionales multilaterales como el BID, deberían también revisar sus mecanismos de inversión y financiamiento. Desarrollo sin educación no es sostenible. Y ni siquiera es desarrollo. Como tampoco lo son aquellos que consolidan y reproducen la pobreza y la desigualdad entre las personas y las regiones.
Como barranquillero y Presidente del Congreso de Colombia me siento orgulloso de imponer y entregar hoy aquí a la Universidad del Norte, la orden del Congreso, por los grandes favores otorgados a la ciudad, al Caribe y la nación entera. Buena parte de esa resurrección que parece vivir la ciudad, es sin duda atribuible a ésta Universidad. Y no dudo de que los buenos vientos que seguro soplarán para Barranquilla y la Costa entera, no podrían explicarse sin éste esfuerzo ejemplar y meritorio de la Universidad.
Un inventario no exhaustivo de la Universidad, su acontecer y sus experiencias, destacaría logros en todas las direcciones. En el desarrollo académico y personal del profesorado, en los grupos de investigación, en las acreditaciones nacionales e internacionales, institucionales y de programas; en las innovaciones pedagógicas, en la productividad intelectual, en el compromiso y la responsabilidad social, en la autonomía universitaria, en el desarrollo físico, en los intercambios internacionales.
Doctor Jesús Ferro: usted ha estado al frente de la rectoría dos tercios de la historia de la Universidad. De modo que no hay manera de suponer que usted no tenga la culpa de las cosas hermosas y estimulantes que han ocurrido aquí durante los últimos 30 años. Todos agradecemos ésta noche su inteligencia, sus desvelos, sus esfuerzos, sus resultados.
Sea el momento también, doctor Pablo Gabriel Obregón, de exaltar la memoria de gentes como Karl Parrish, Julio Muvdi, José Tsherassi, Boris Rosania, Alvaro Jaramillo, Juan Manuel Ruiseco y tantos otros directivos a quienes debemos mucho por la consolidación de ésta magnífica Universidad.
Recordar y reconocer, por supuesto, a los directivos de la Fundación Andi, la Fundación Santodomingo e Incolda, aquella gestión fundacional que hace 45 años permitió la feliz apertura de los programas de Administración de Empresas e Ingeniería, con 10 profesores y 58 estudiantes, abriendo camino al milagro de una universidad como la de hoy: moderna, autónoma, contemporánea, sin confesionalismos, abierta a la diversidad y alteridad, democrática, laica y progresista.
Muchas Gracias.