Mi gestión

Discurso del senador, Armando Benedetti, Foro "Riesgos de un TLC con Corea"

DISCURSO DEL SENADOR, ARMANDO BENEDETTI, FORO "RIESGOS DE UN TLC CON COREA"

BOGOTÁ - COLOMBIA

ENERO 26 DE 2012

 

Algo está cambiando en este país cuando trabajadores y empresarios deponen sus diferencias entre capital y trabajo para luchar a brazo partido por defender el futuro de las empresas colombianas. Esto quiere decir, la suerte de miles de millones de capitales colombianos y de miles y miles de empleos. ¡¡Esto no se lo creería hoy ni el mismo Marx!!

Lo primero es reconocer el empeño de los amigos de Pro industria y de los sindicatos de sus empresas y de otras de importantes industrias de la manufactura para llevar a cabo este Foro "Riesgos de un TLC con Corea". A ustedes, desde un comienzo, les acepté su invitación para acompañarlos en este foro. Por la firmeza de sus posturas frente a este tema y la solidez de sus argumentos, uno apostaría a que este ejercicio no será en vano sino, por el contrario, un mensaje para que el Gobierno Nacional entienda que no es un capricho de unos empresarios y unos sindicatos que se oponen a ese TLC con Corea por el solo prurito de seguir conservando sus privilegios.

Las cifras de lo que se puede perder ante un eventual marchitamiento de las industrias automotriz, de electrodomésticos, textil, farmacéutico y de cuero y calzado de aprobarse este TLC, ya las han expuestos ustedes con claridad en las intervenciones de esta mañana.

Yo lo quiero es aprovechar este espacio para dejarles saber lo que pienso al respecto. En un debate en la Comisión Segunda, en noviembre del año pasado, dije y lo repito acá: no tengo nada contra los Tratados de Libre Comercio sino con la forma arrodillada como se negoció con los Estados Unidos, la Comunidad Europea y Canadá. En estos tres casos, más que una negociación lo que hubo fue una adhesión a las condiciones de esos países, en detrimento, claro está, de los productores de leche, arroz, cebada, trigo, pollo y carne y de las farmacéuticas.

En Colombia, los TLC no han sido la panacea. Tampoco en el mundo. México ya lo ha comprobado. Las disparidades en el nivel de ingreso y en los índices de pobreza siguen creciendo; los productos agropecuarios no tienen acceso real a los mercados de los países con los cuales hemos suscrito TLC, por motivos sanitarios; tampoco tienen acceso numerosos productos manufacturados.

Comprendemos que la globalización es una realidad, pero no tenemos por qué aceptar sus perversiones. Hasta ahora el libre comercio no conoce la doble vía. En su más pura esencia, no pasar de ser la búsqueda desaforada de mercados para excedentes de productos altamente favorecidos con ayudas estatales. Para los países pobres, unas dádivas condicionadas a cambio de ingreso a unos mercados sofisticados.

Un conocido Nobel de Economía, Stiglitz, es de la tesis de que el problema del libre comercio es que no existe. El término libre tendría sentido si una vaca europea produjera leche -como la vaca de la Sabana de Bogotá-- sin que el Estado le subsidie las pasturas o la exportación del lácteo. O si los fabricantes de autos de Asia ensamblaran y exportaran sin recibir cuantiosas ayudas de sus gobiernos. El afán por lo global ha borrado la perspectiva de lo local: una vaca recibe dos dólares diarios en Europa, u ocho dólares en Japón para que su dueño sea un productor competitivo. Pero en las calles de algunas ciudades de la Costa Colombiana o en las miserables aldeas de Angola o Haití un pobre extremo sobrevive con menos de dos dólares diarios.

Hasta el momento los pontífices de la teoría de más mercado y menos Estado no han podido demostrar que el derribamiento atropellado de las fronteras comerciales ha reducido las desigualdades en el planeta.

Me decía un dirigente del sector agropecuario, que Colombia no ha exportado un litro de leche, ni un kilo de carne a ninguno de esos países con los que hemos firmado acuerdos, que ya suman al menos 45 naciones signatarias. Sin embargo, la mayoría de estos países nos están inundando con sus productos cárnicos y lácteos. A Corea, estamos a años luz de poder exportar cárnicos por problemas sanitarios y de calidad.

En el debate de la Comisión Segunda hice una radiografía de lo que está pasando con nuestra aspiración de estar en las grandes ligas del comercio internacional y con lo que, según el nuevo zar de los TLC, Hernando José Gómez, se crearán 30 mil nuevos empleos.

Por ejemplo, en carne bovina y porcina hoy no podemos exportar a Estados Unidos, ni a Canadá, ni a Méjico, ni al triángulo del Norte de Centroamérica, ni a Chile, porque no cumplimos con las exigencias sanitarias de estos países. A la Unión Europea, o a países EFTA (Islandia, Noruega, Suiza y Lichtenstein) tampoco lo hacemos. Con Mercosur no podemos competir. Pero Argentina, Paraguay, Uruguay, Chile, Estados Unidos y Canadá, todos los días, están exportando cárnicos a COLOMBIA. Para 2011 se importaron más de US$50 millones.

En lácteos, estamos exportando cantidades mínimas a Estados Unidos, y punto. No exportamos a ningún otro país. Sin embargo, estamos importando de Mercosur y Chile, y una vez entre en vigencia el TLC con Estados Unidos y la Unión Europea, las importaciones de estos países son una verdadera amenaza a la producción Nacional. La pelea de los granjeros de la Comunidad Europea es por mercados de países en desarrollo cuyos habitantes apenas consumen al año una quinta parte de lo de un europeo.

En cuanto a leche en polvo, para 2012 se estima que podrán entrar al país sin aranceles y con aranceles privilegiados 19.156 toneladas, equivalente a la tercera parte de toda la producción de leche en polvo del país, que se estima en 60.000 toneladas aproximadamente.

Con lo que se ha firmado hasta ahora con Europa y Norteamérica, incluido Canadá, se podría decir que lo hemos entregado todo a cambio de muy poco: hortalizas y frutas que tendrán, a su vez, que competir con las que ya están vendiendo los centroamericanos y los peruanos en las góndolas de Miami. Y también carbón y otros minerales, pero a un precio muy alto para nuestro medio ambiente como ya lo estamos viendo en la Costa.

Lo del TLC con Corea no es más que una reiteración de los errores del pasado porque de nuevo estamos abriendo el mercado a productos que amenazan las manufacturas colombianas sin que haya mayor posibilidad de compra para a nuestros productos agropecuarios. Estamos negociando con un país que nos lleva alguna ventaja y por eso se siente con derecho a poner condiciones que nos afectan: un ingreso per cápita de 30 mil dólares frente a los 9 mil de Colombia; la quinta potencia mundial en producción de autos mientras Colombia no aparece en ese ranking y con un país donde la balanza comercial les favorece ampliamente: ellos nos venden tres veces más (más de 900 millones de dólares) de lo que nosotros les mandamos (carbón, café, ferroníquel, metalurgia y petróleo).

En ese mismo debate de la Comisión Segunda, el ministro de Agricultura justificaba la negociación con Corea con el argumento de que por primera vez se da la oportunidad de pactar con un importador neto de alimentos. Decía el ministro Restrepo "En teoría, si uno hace un tratado con un país que es importador neto de alimentos, y si maneja bien su frente sanitario y de accesos, puede venderles". Bien lo dijo, en teoría. En un documento del Ministerio de Relaciones Exteriores de Chile, de abril del 2010, se evalúan las relaciones comerciales de este país con Corea. Se encuentra que la inmensa mayoría de las exportaciones de Chile a Corea son minerales, o derivados de minerales. En la página 18 se lee que si bien en el TLC suscrito se aprobaron contingentes de exportación de CARNE BOVINA, DE POLLO Y DE PAVO, después de 6 años CHILE no ha podido hacerlo, porque, "Chile aún no cuenta con la autorización sanitaria o fitosanitaria requerida por dicho país para el ingreso de estas mercancías a su mercado".


Ahora bien, mientras el ministro de Agricultura es optimista respecto a la venta de carne y otros productos agrícolas a esa nación de Asia, los técnicos de la cartera de Comercio piensan otra cosa. En el perfil que hacen de Corea (ver página web de ese Ministerio) señalan los productos colombianos que tienen oportunidades en el mercado coreano: "la extracción y aglomeración de hulla (carbón de piedra), el sector de ingenios, refinería de azúcar y trapiches, la extracción de petróleo crudo y gas natural, la fundición de metales, la producción de refinación de petróleo, la industria básica de hierro y acero, la industria básica de metales preciosos y metales no ferrosos y la industria del vidrio y productos de vidrio". Esos sí, dejan claro que en todos los casos, menos en el sector de extracción y aglomeración de hulla (carbón de piedra), otros países de la región han tomado la delantera en el mercado coreano, especialmente Brasil, México y Chile. Es decir, en lo que tenemos algún chance, ya hay competencia montada por nuestros vecinos.

En este caso de la negociación con Corea, alguien le debió haber echado un chino al gobierno.
Yo quiero decirlo con firmeza: antes de proseguir las negociaciones de este TLC, el Gobierno debe hacer una pausa y proceder a evaluar los resultados de todos los tratados de libre comercio suscritos en los últimos años. No tiene sentido continuar negociando un acuerdo comercial con COREA, ni con otros países, sin tener presente lo que está ocurriendo con los tratados suscritos.
Apreciados amigos sindicalistas y empresarios: en la Comisión Segunda del Senado existe una mayoría de senadores que no está dispuesto a permitir otro error más de unos tecnócratas que sin ninguna responsabilidad política negocian a nombre de la mayoría de colombianos privilegios para una minoría de empresarios que poco les importa acabar empleos calificados y arruinar empresas que hoy son orgullo de los colombianos.

Muchas gracias