Discurso de posesión como Presidente del Senado Armando Benedetti Villaneda

Me toca en suerte asumir y presidir esta solemne liturgia de la democracia en un estupendo momento. Tal vez el mejor.

Termina uno de los gobiernos más relevantes de nuestra historia. Comienza una sucesión de estimulantes pronósticos. Y el país completa 200 años de historia republicana.

Unos pocos indicadores dan una idea clara pero insuficiente de lo que han significado estos 8 años de gobierno de Álvaro Uribe Vélez

En 2002, 350 alcaldes no podían ejercer el cargo en sus despachos. Todos pueden llegar hoy a ellos. En el 2002 los terroristas habían volado 483 torres, el año anterior volaron 77. En el 2002 atentaron y malograron 248 carreteras, en el 2009, 43.

En 2002 uno de cada cinco niños no iba a la escuela, en 2010 solo uno de cada 12 deja de hacerlo. Dos millones de colombianos más tienen acceso al agua potable. Las exportaciones se han triplicado, la confianza inversionista alcanza niveles históricos. Me uno desde aquí al coro de los colombianos: Gracias Presidente Uribe.

El Presidente Santos, por su parte, ha convocado a una vigorosa unidad nacional que él ha denominado significativamente la política de prosperidad democrática.

Su gobierno será, si este congreso y los colombianos lo facilitan, el gobierno que el país necesita para una más equitativa redistribución de la renta, de la posesión y tenencia de la tierra, del empleo y del desarrollo sostenible. El gobierno del bicentenario.

LOS RETOS DEL CONGRESO

No hay duda de que los parlamentos no están pasando su mejor momento. Este y todos los parlamentos del mundo.

Clientelismo, populismo, trashumancia y corrupción electoral, abstención pronunciada, deficiencias del régimen electoral, burla de los topes al financiamiento de las campañas, participación ilegal de funcionarios públicos en política, injerencia de contratistas del Estado en los resultados electorales, fraude, constreñimiento armado, deficiente y mal dirigida financiación estatal de las campañas políticas, son algunos de los graves problemas que afectan nuestra democracia y golpean sensiblemente la legitimidad, la autonomía y el funcionamiento del congreso y de los partidos.

Otros factores de la crisis de los parlamentos, que es la crisis de la democracia liberal y de la representación democrática, son menos mencionados y conocidos. Hay un factor que los sintetiza: el desplazamiento sistemático del poder hacia otras esferas.

Las políticas públicas y las decisiones fundamentales ya no se elaboran en el Congreso. A lo sumo ejercemos aquí un poder refrendatario de debates y decisiones que se cumplen en otros escenarios.

La creciente complejidad de los temas, las enormes transformaciones a las que han tenido que enfrentarse los sistemas políticos, los desarrollos tecnológicos que dieron origen a esa novedosa opinión pública en línea, la globalización y las instancias de un poder supranacional en auge, y, sobre todo, el papel esencial y protagónico asumido por los medios de comunicación en los debates y decisiones sobre lo público, arrebataron a los parlamentos la centralidad que históricamente ejercieron.

Hoy en día el poder es ubicuo. Está en los circuitos tecnocratizados, en las grandes instancias burocráticas, en los flujos del poder corporativo, en los procesos desregulatorios que transfieren a instancias internacionales las decisiones internas.

También en la sobreactuación creciente de todos los presidencialismos, alimentados por los otorgamientos ligeros de facultades extraordinarias y la sumisa actitud de unos parlamentos que abdicaron sistemáticamente a todas las autonomías.

También, por supuesto, en los nuevos desarrollos constitucionales que abrieron la puerta para lo que se ha dado en llamar, sin mayores pertinencias, el gobierno de los jueces, y el formidable poder de formación de opinión pública adquirido por los medios y los procesos tecnológicos del quehacer comunicacional.

Yo no estoy, por supuesto, descalificando esas novedades del acontecer democrático. Digo, al revés, que simbolizan la creciente complejidad de las sociedades contemporáneas. Pero será preciso conocer, comprender e implicar esas novedades. Es responsabilidad de estas democracias llamadas despectivamente "posparlamentarias", saber donde están los nuevos agentes del poder y la decisión. Como le leí a Jesús Álvarez (1), Catedrático de la Universidad Complutense, "lo que hay que resolver es el derecho de los ciudadanos a saber quién manda y donde están los centro de poder".

El Congreso debe ser respetado y respetable. El Congreso no puede continuar al margen de estos cruciales debates. Es nuestra tarea asumir durante las próximas 4 legislaturas esas reflexiones, sin miedos, sin reuniones y debates inéditos, sin exclusiones y evitaciones. Que vengan hasta aquí las Altas Cortes, la Academia, las Universidades y la sociedad civil a discutir en el Congreso, que es la casa de todos, las tensiones de una sociedad tan compleja como la nuestra.

Yo me comprometo a intentarlo, a trabajar de día y de noche, a correr todos los riesgos, a consumir todos los entusiasmos en esa nobilísima tarea de recuperar y restaurar la dignidad del Congreso de Colombia.

LA EXCLUSION BICENTENARIA

Hace 200 años una balbuceante república nació a pocos metros de este Capitolio en desarrollo de unos confusos incidentes pueblerinos. No menos confusos fueron los textos que surgieron del tumulto: pedían que viniera a gobernarnos un rey que no lo era de España!

Enfrentarse a las conmemoraciones del bicentenario es algo más serio y complejo que lo que sugieren los entusiasmos patrióticos de las fechas emblemáticas como hoy.

Más allá de los muchísimos acontecimientos, textos, héroes y mártires que merecen nuestro orgullo y nuestro entusiasmo, se impone una relectura sobre la clase de nación y de república que desde entonces comenzó a construirse. Hay quienes concluimos de esa relectura que la nación colombiana fue imaginada excluyente desde las primeras narrativas.

Los textos históricos tiene la virtud de convocar lecturas repetidas, pero siempre novedosas. Alfonso Múnera en su libro "Fronteras Imaginadas", sostiene que los dos más respetados pensadores de la época, José Ignacio de Pombo y Francisco José de Caldas, éste último reputado "el sabio", seguían a pie juntillas el pensamiento precientifico de José Luis Leclerc, Conde de Buffon, quien en su Historia Natural aseguraba "que el estado de perfección encarnado por la raza europea blanca se había degenerado hacia formas inferiores como la raza negra, por influencia del clima." Lamark, otro científico del agrado y devoción de Caldas, pensaba que negros e indígenas podrían alcanzar la condición de civilizados por medio de un complicado proceso de blanqueamiento paciente y gradual llamado mestizaje.

Colombia es un país con más de 20 millones de pobres y más de 8 millones de ellos están en la pobreza extrema. Aquí hemos reproducido tanto las inserciones privilegiadas como las precarias en los circuitos de generación y distribución de la riqueza, que podemos repetir aquello de que éste es un país más desigual que casi todos.

La igualdad ya se sabe, es apenas una suposición. Y tal vez no sea factible. Pero como bien lo advirtió Amelia Valcárcel en su obra "Del Miedo a la Igualdad" (3), "el mundo que brota de pensarla es distinto del que existiría si no existiera en el horizonte de lo sabido y deseado"

Estoy trabajando y traeré aquí en los próximos días, aspiro que con el acompañamiento de un grupo de parlamentarios de todos los partidos, la creación de un Fondo de Compensación regional para impulsar el desarrollo de la periferia colombiana, la cual concentra más del 60% de los pobres de Colombia.

La resistencia de la pobreza asedia y golpea a la mitad de nuestros compatriotas, nunca será superada con los recursos de las regiones donde se concentra, ni con las medidas rutinarias de descentralización fiscal.
No estoy proponiendo saludos a la bandera. No estoy haciendo demagogia patriótica en días precisos. Estoy proponiendo algo concreto, algo capaz de cerrar o achatar drásticamente esa brecha que establecen dos colombias desagregadas por la exclusión y la miseria.

La propuesta del Fondo de Compensación consta de dos tipos de programas: El primero de nivelación de recursos entre las regiones del país que necesitara 1.6 billones de pesos anuales, el cual requerirá de un incremento de los ingresos por sobre renta del 6.5% y, el segundo, sería destinado a la financiación de proyectos de impacto regional en materia de prestación de servicio de salud, educación e infraestructura competitiva para lo cual se deberán destinar en total 7.2 billones de pesos, por un período de cinco años.

Ya habrá oportunidad de mayores precisiones, pero por hoy quiero comprometerme a que buscaré intensamente el apoyo y la firma en el proyecto de ley respectivo del ministro de hacienda, y comprometerme ante los millones y millones de pobres que soportan en la periferia una pobreza sin esperanzas.

Por supuesto habrá que condicionar estos recursos a los compromisos fiscales que las entidades territoriales asuman y cumplan, en obligada reciprocidad. Las erogaciones realizadas por el Fondo de Compensación Regional serán ejecutadas de acuerdo con reglas que garanticen la transparencia, la eficacia, la eficiencia en el gasto y muy especialmente, sujetas al escrutinio de los organismos de control y de la sociedad en general.

Igualmente como una política dirigida desde el Legislativo, impulsaré la creación de una oficina técnica especializada en evaluar el impacto de las leyes en la pobreza.

UNA REFORMA POLITICA Y ELECTORAL

Para finalizar, como testimonio de lo dicho hasta aquí y de conformidad con los compromisos públicos adquiridos, diré que este Congreso no debería concluir la legislatura que hoy se inicia sin haber acometido una reforma electoral y política de gran alcance.

Creo que hacen falta medidas urgentes y de todo tipo para combatir la corrupción al sufragante que tal vez es la madre de todas las corrupciones. La elaboración de un mapa de zonas de riesgo, de políticas públicas para ocuparse de las condiciones que propician ese riesgo mayor, involucración de los medios de comunicación en campañas permanentes sobre los peligros que para la democracia y para el ciudadano comportan los delitos contra el sufragio, estímulos a las denuncias ciudadanas contra los responsables de estas conductas, combate frontal a las formas viciadas de trashumancia electoral, son algunos de los aspectos de que tendremos que ocuparnos aquí a profundidad.

En materia de financiación de los partidos y campañas electorales, será preciso que abordemos ese tema difícil sin las reticencias y miedos históricos. Soy de quienes creen que la financiación pública de las campañas es el menor de los males y que la democracia colombiana ha pagado costos insoportables por esa especie de pudor que se desentiende de los peligros mayores de otras formas de financiación. Habrá que enseriar, por supuesto, los controles a los recursos que se entreguen a los partidos, y habrá que tomar medidas muy rigurosas que impidan que la contratación pública se convierta en una herramienta ilegal y selectiva para el financiamiento de los candidatos.

Por último, creo que parte de las vicisitudes del parlamento provienen de la falta de una adecuada atención al control del resultado, al producto parlamentario por excelencia: la Ley

Aquí no revisamos, cotejamos ni verificamos el resultado empírico de nuestro trabajo. Como las empresas del mercado, urge que pongamos énfasis en verificar la calidad de ese producto que lanzamos al gran público que consume y utiliza la ley. Creo que llegó la hora de acordar con las Cortes sistemas de verificación del producto y de las consecuencias de toda índole que el producto parlamentario ocasiona en la vida social. Y tal vez de contratar con las universidades el auxilio técnico que esta tarea precisa.

Quiero agradecer a todos los senadores, a todos los partidos, el generoso apoyo recibido para presidir desde hoy el Congreso de la República. Esa generosidad compromete mi gratitud y cancela cualquier diferencia de cualquier índole que existiese con cualquier colega. Me pongo al servicio de todos ustedes y de todo el país para todos estos propósitos.

El día que el Congreso pueda anticipar a quienes lo han sustituido en los debates y decisiones cruciales del país, y que sean de nuestra iniciativa las leyes esenciales, incluso en aquellas en que nos está constitucionalmente vedada la iniciativa pero no las ideas, las propuestas, las exigencias y el debate público, y ojalá también, algún día, la propia facultad constitucional, habremos empezado a construir una historia nueva. Yo propongo que el Congreso realice un esfuerzo serio para inventariar las facultades constitucionales de que hemos sido despojados en los últimos tiempos y reflexionemos sobre las decisiones que ese inventario pueda sugerirnos. Muchas gracias.