Por: Armando Benedetti
Senador de la Republica
Una de las enfermedades del nuevo milenio es la drogadicción. El Instituto de Drogas de los Estados Unidos la define como una afección crónica del cerebro. Atribuyéndose en un 50% a factores genéticos que se activan durante la vida. Así que la lucha contra la adicción debe darse desde el campo preventivo, precisamente para inhibir estos factores de riesgo.
Según la Encuesta Nacional para el Consumo de SPA (2001) la edad de inicio al consumo de drogas en Colombia es de 14.8 años para la marihuana y la cocaína y 14.4 años para la heroína. Con situaciones extremas como Arauca y San Andrés que registran edades promedio de 11 y 10 años. Luego nuestros niños y adolescentes son quienes más sufren el flagelo de la droga, exigiéndose una labor irrenunciable del Estado en este sentido, desde la prevención escolar.
El hombre responde a las enfermedades según sus posibilidades científicas: los leprosos, en los albores de la medicina, debían llevar una campana para avisar su llegada. En la Edad Media, los reyes tenían poder curativo, y solo pronunciando "el rey te toca y Dios te cura", el enfermo podría quedar sanado de bocio, epilepsia, entre otras.
Hoy los países avanzados en políticas para el consumo de las drogas, esperan que el genoma humano dé respuestas más efectivas para conducir sus programas de prevención y tratamiento.
Colombia, por el contrario, planea penalizar el consumo de dosis mínima de drogas, esperando que, como en la Edad Media, se diga al adicto "el juez te condena y la ley te cura", ello en penosa contravía de los actuales dictámenes de la ciencia y la técnica. No podemos devolvernos a la época en que trataban como delincuentes a los enfermos.