La lección de Londres

"Valía menos que Obama a principios de 2007. Era el candidato del Partido Laboralista a la Alcaldía de Londres, tenía al frente al multimillonario Zac Goldsmith, el candidato judío del Partido Conservador, amén de la enorme presión xenófoba de toda Europa y los fantasmas de los ataques a Nueva York, Madrid, París, Bruselas y la misma Londres."

Artículo

Valía menos que Obama a principios de 2007. Era el candidato del Partido Laboralista a la Alcaldía de Londres, tenía al frente al multimillonario Zac Goldsmith, el candidato judío del Partido Conservador, amén de la enorme presión xenófoba de toda Europa y los fantasmas de los ataques a Nueva York, Madrid, París, Bruselas y la misma Londres.

Pero había dos circunstancias favorables: la primera, que el 25% de los 8,6 millones de habitantes de Londres son extranjeros, y la mitad de estos es musulmán. La segunda fue la torpeza de su rival, que basó su campaña en el racismo y no resistió la tentación de usar un argumento manido: “¡Cómo le vamos a entregar el gobierno de la mejor ciudad del mundo a un terrorista!”.

Khan respondió como un ajedrecista sufí. Rompió el ayuno de ramadán comiendo dátiles y verduras en un templo judío, apoyó el matrimonio igualitario y rechazó el uso del velo que cubre el rostro de la mujer musulmana. Su movimiento final fue una jugada maestra. Negó el famoso choque de civilizaciones: “Los que chocan son los fundamentalismos más primitivos de Oriente y Occidente y sus intereses más mezquinos”. Dijo que, justamente por su condición de musulmán británico, era el indicado para combatir el extremismo y tender puentes entre las comunidades.

Cuando esa cosa llamada Trump declaró que cerraría las fronteras de EE. UU. a los musulmanes, Khan comentó: “Los ignorantes cultivan el odio, erigen muros y hacen del mundo un sitio mucho más peligroso”.

Así, con una mezcla exacta de cálculo, bondad, firmeza y sentido común, Khan barrió a Goldsmith con una votación histórica, se posesionó en una catedral anglicana y juró sobre el Corán. En su primer acto de gobierno honró la memoria de las víctimas del Holocausto. La prensa ya lo considera una figura con más arraigo popular que el primer ministro, el pelmazo de Cameron, quien tuvo que disculparse públicamente por afirmar, sin fundamento alguno, que Khan tenía nexos con el extremismo musulmán radical. Es muy probable que en poco tiempo se convierta en uno de los líderes más influyentes del mundo.

El caso de Khan no es tan raro como parece. El alcalde de Rotterdam también es musulmán. El vicepresidente de Irlanda es un exterrorista. Obama preside los EE. UU. Trump es repudiado incluso por los republicanos. Uno de los analistas más respetados de Colombia, León Valencia, militó en el Eln. Navarro y Petro salieron de las divisiones inferiores del M-19, al igual que dos alfiles del Centro Democrático, Everth Bustamante y Rosemberg Pabón.

Quizá no sea lícito sacar conclusiones de esta breve enumeración. Quizás estos son solo destellos aislados en medio de la tiniebla global, pero nada nos cuesta imaginar que son el principio de una ola sensata y plural, de un movimiento capaz asestarles duros golpes a los mercaderes de la guerra. Y ya que estamos en trance, permítanme soñar que Colombia está a las puertas de jugar un papel protagónico en este giro feliz del mundo.

Nota. La información de esta columna la tomé de la última Semana. Es una crónica que tiene la mejor entrada que hayan leído mis viejos ojos: “Se llama Sadiq Khan. Su familia emigró a Inglaterra en los años 70. Su padre conduce un autobús. Su madre trabaja como costurera. Creció en un barrio pobre con siete hermanos y estudió en una escuela municipal. Reza a diario en una mezquita cerca de su casa. Defiende los derechos de los homosexuales. Tiene 45 años. Desde el domingo es el alcalde de Londres y el político más votado en la historia del Reino Unido”. Chapeau!

Publicado 2016-05-20
Autor Columna de Julio César Londoño
Todos los derechos reservados por Armando Benedetti 2016 - Diseño y Desarrollo por System Makers